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miércoles, 22 de julio de 2020


La Inspección de Trabajo no descansa... ni en la pandemia



DOS NUEVOS TALLERES PARA LA JUVENTUD BAILENENSE




22 / 07 / 2020




 ● Ambos relacionados con el mundo de la interpretación, uno se abordará desde la perspectiva de los buenos tratos y el otro con la especialidad de cuentacuentos.



La juventud bailenense tiene dos ofertas más para ocupar parte de su verano de una forma atractiva y formativa. Se trata del Taller de Teatro “Buenos tratos” y del Taller de Formación de Cuentacuentos con Perspectiva de Género. Ambos tendrá una duración de diez horas divididas en cuatro sesiones de dos horas y media cada una.

Los dos talleres tendrán como horario de once de la mañana a una y media de la tarde, siendo los días de impartición los martes y jueves, habiéndose reservado las dos primeras semanas de agosto para los cuentacuentos y las dos segundas para los buenos tratos.

La monitora de ambos talleres será la psicóloga bailenense Lina Domingo, con amplia experiencia como directora de grupos teatrales y colaboradora con varios de los existentes en nuestra localidad.

Las inscripciones se realizan en la Casa de la Cultura hasta dos días laborables antes del inicio de cada taller. Se trata de inscripciones gratuitas destinadas a jóvenes de 15 a 30 años de edad.

Estos talleres son subvencionados por la Diputación Provincial de Jaén a través del Plan Provincial de Juventud.








lunes, 20 de julio de 2020

Artículo de Gonzalo Soriano aparecido en el número 123 de la revista BAILÉN INFORMATIVO



RETIRARSE A TIEMPO


Como suele decirse, donde existió oro y gloria ya solo quedan cenizas. Permítanme que me explique.

Mi mujer llevaba varios meses con dolores de estómago y, hace un tiempo, estuvimos en una consulta privada visitando al especialista del aparato digestivo que, además, es endocrino. El caso es que, mientras esperábamos, estuvimos charlando con una joven que iba para que le personalizaran una dieta. Al cabo de un rato abandonó la sala de espera al escuchar las recomendaciones de los mismos pacientes que aguardaban, para que visitase a una doctora que gozaba de mejores referencias. Me quedé estupefacto ante aquella situación y entonces, cuando nombraron a mi mujer y nos tocó entrar, lo hice con cierto recelo. Nos atendió un médico de unos setenta y tantos años, de mediana estatura y ligero sobrepeso. Llevaba el pelo tintado para aparentar menos abriles, pero las arrugas de su cara y las dificultades para moverse estaban instaladas en su cuerpo con indudable comodidad. Mi mujer le expuso los síntomas que tenía y él tomó buena nota en un anticuado ordenador de sobremesa tecleando a dos dedos, con lentitud. Entornó levemente los ojos haciendo raros gestos para comprobar lo que escribía (ya no veía con demasiada claridad) y luego, le explicó que debía de hacerse unas pruebas. 

Les diré, en honor a la verdad, que el médico no me infundió gran confianza, para qué les voy a engañar. El hombre nos ofreció su mejor sonrisa y la más selecta amabilidad, pero lo vi tan torpe con el ordenador que me pregunté si aún seguiría realizando intervenciones quirúrgicas en algún hospital. Mi mujer me comentó que no lo creía y ya que se trataba de un dolor llevadero y los otros especialistas facilitaban las citas con excesiva demora, lo mismo daba un médico que otro. Yo acepté su comentario y, al cabo de unas semanas, finalizadas las pruebas, volvimos de nuevo para que nos indicara el diagnóstico.

En la sala de espera se repitieron algunas consideradas quejas en referencia al doctor y a su edad. Y una señora que tenía enfrente adivinó, por la forma que tuvo de mirarme, lo que estaba pasando por mi cabeza justo en ese momento. Qué curioso, dije para mis adentros, como una mujer desconocida puede predecir por ciertos gestos, y en cuestión de segundos, tu manera de pensar. Como puede descifrar tu clave más oculta y tu secreto mejor guardado con solo prestar un poco de atención. Bueno, pues tras examinar las pruebas con indomable rapidez, el diagnóstico establecido fue una úlcera de estómago provocada por una bacteria y le recetó unas pastillas.

 El caso es que después de unos días, tomándose aquellos comprimidos tal y como le había indicado, mi mujer escasamente podía tragar saliva. Tenía la lengua y la garganta inflamadas de forma exagerada, dificultándole el habla, y tuvo que suspender el tratamiento. ¡Mira! ¡Vamos a buscar a otro doctor!, dije. Y pedimos cita para un médico que me habían recomendado y que, al parecer, tenía buena fama. Nos atendió con mucha amabilidad y mi mujer le explicó todo lo que había sucedido con pelos y señales. ¿Qué se ha estado tomando, dice usted? —preguntó el joven facultativo, extrañado—. Desde hace años esas pastillas ya no se prescriben. Pero ¿quién le ha visto?  —añadió. Cuando le reveló el nombre de su compañero se limitó a negar con la cabeza. No hizo ningún tipo de comentario, ni bueno ni malo, ya saben, por aquello del corporativismo médico (algo sumamente poderoso), pero un gesto vale más que mil palabras. Volvió a repetirle las pruebas y, con posterioridad, le dispuso otro tratamiento que le ha ido muy bien, por cierto.

Lo que quiero decir con todo esto es que cada uno tiene la obligación moral de averiguar cuándo debe retirarse. Descansar de una vida entregada por completo al trabajo para dejar paso a los jóvenes es un indiscutible acierto. Y, es una verdadera lástima, que las frescas inteligencias nacionales no tengan más remedio que marcharse de España porque aquí el mercado laboral no tiene futuro. Yo me pregunto quién decide si estos viejos doctores que en su día fueron, o no, oro y gloria, como decía al principio, deben de estar ejerciendo su profesión con más de setenta y tantas primaveras cargadas a sus espaldas. Quizá sea porque los pacientes debamos mirar en dirección al cielo y brindarle las gracias a Dios por la suerte que tenemos de vivir aquí. Por eso, y con todos mis respetos, no entiendo cómo algunos médicos tan mayores y excediendo con creces la edad de jubilación, aún siguen en la palestra. Sobre todo, en la sanidad privada, aunque todavía posean la más absoluta convicción de que son imprescindibles y necesarios. Y creo, con toda sinceridad, que la culpa es nuestra. Si no fuésemos a sus consultas opino que se pensarían más en serio el tema de la jubilación. Para entretenerse y que el tiempo transcurra más deprisa no deben de poner en riesgo la salud de las personas, sabiendo, de sobra, que no lo hacen con mala intención. Faltaría más. Pero existe un abanico enorme cargado de distracciones dispuestas para cada ocasión. Está muy bien que se resignen a ser octogenarios y tengan un espíritu jovial y todo eso, pero, al final, siempre perdemos los mismos gilipollas de siempre.

Tal vez por eso me gustaría reconocer el momento justo de mi retirada. Y, si no me doy cuenta, les ruego con fervor que me lo digan. Con confianza. No quiero ser un pelmazo que escribe cosas sin sentido y que ya no interesan a nadie. Y así podré morir tranquilo, sabiendo que he llegado con mis palabras hasta dónde he podido. Daré paso a las nuevas plumas valientes que aparecerán de la nada. Seguro. Y entonces, si el destino me lo permite, me quedaré charlando hasta las tantas con mi mujer. Cultivaremos juntos el jardín de casa y daremos cortos paseos al sol en compañía de algún perro. Esos animales que te enseñan a comprender el verdadero significado de las palabras amor, honradez y lealtad. Recordaremos los años de juventud, cuando no padecíamos dolencias y teníamos ganas de ponernos el mundo por montera. Hablaremos del miedo y del sufrimiento con naturalidad, como parte de la vida. Con suerte, caminaremos con nuestros nietos por el paseo de Las Palmeras, por algún sitio costero de playas de agua cálida, o por Toledo, la ciudad de las tres culturas, quién sabe. El futuro es impredecible. De lo que sí estoy convencido es de que sabré ingeniármelas para no aburrirme. Continuaré tomando cañas con mis amigos de siempre —aunque sean sin alcohol— y comprando libros de segunda mano en viejas librerías para seguir alimentando mi biblioteca. Intentaré dar rienda suelta a mi imaginación a través de la vida de esos ficticios personajes, que se mueven por las novelas negándose a abandonarlas. Como la propia existencia de los seres humanos a su paso por la vida. Y como hijos fieles de quien un día los creó en la soledad de un cuarto, un patio o una taberna de mala muerte. Y veré películas antiguas en un sillón confortable, de esas que nunca pasan de moda. De esas que, por desgracia, ya nadie volverá a filmar. Me niego a olvidar a Humphrey Bogart, Gary Cooper, Kirk Douglas o Marlon Brando. Viejas glorias del celuloide aunque ya casi nadie se acuerde de ellas. Ellos, en su día, imagino que también tuvieron que aceptar —aunque fuese a regañadientes—, a las nuevas y talentosas estrellas de cine que llegaban tímidas y pisando fuerte. Con esa timidez propia de las mentes más lúcidas. Porque los buenos combatientes siempre supieron retirarse a tiempo, con elegancia y dignidad. Pero, sobre todo, con una sonrisa de oreja a oreja. Síntoma claro de una conciencia tranquila.


Gonzalo Soriano Navío
Bailén, septiembre de 2019


Nota de la editorial:

Por un error de impresión, el artículo enviado por Gonzalo Soriano a la redacción ha salido mezclado con su último artículo del 122. Este es el correcto.

" El Vagabundo y Bailén" por José Luis Rodríguez Hermoso


                                        
Aunque no era esa su primitiva intención, decidió el vagabundo a mitad de camino desde Guarromán ignorar la señal que indicaba el desvío hacía Linares, para continuar viaje hacia Bailén “entre olivares de color de plata, ceniza o de bronce viejo.

Y no cambió la ruta el vagabundo solo por el hecho de que su actual ocupación a nada le obligaba y eran solo su voluntad y el capricho del destino quienes marcaban su camino, sino al evocador recuerdo que a su memoria trajo la población que dio nombre a la batalla allí acontecida el diecinueve de julio de 1808 y a su vez al “Regimiento Bailén, nº 24” en el que el caminante con apenas veinte años sirvió durante la guerra civil, y a cuyos combatientes de uno y otro bando, se referiría en el prólogo de una de sus novelas de la siguiente manera “A los mozos del reemplazo del 37, todos perdedores de algo: de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia”.

Pese a que mucho sufrió en la guerra, que casi perdió la vida alcanzado en la cabeza por la metralla de una granada de mano, era el vagabundo hombre optimista y feliz, por lo que el camino llano, un día espléndido y la hermosa localidad de Bailén en lontananza vinieron a disipar su pena, volviendo a esbozar una sonrisa, porque aún sin dinero alguno “la filosofía del vagabundo se apoya en la no necesidad de nada y el buen talante de aceptarla sin queja alguna”.

Era Bailén localidad importante de casi 11.000 habitantes, que ya con el nombre de Baécula  citaba el Historiador Griego Políbio en sus tratados y en la que en el año 207 a. C. se celebró, en el contexto de la segunda guerra púnica, la batalla del mismo nombre entre romanos y cartagineses que supuso la derrota de estos últimos.

Y lo era también por ser obligado cruce de caminos, de culturas, civilizaciones, personas y mercancías especialmente desde que en 1761 Carlos III con su Real Orden de 10 de junio del citado año, creara entre otros el Camino Real de Andalucía que transcurría justo por donde ahora caminaba; Orden que constituiría base y fundamento de todas las carreteras de España tal y como aún hoy las conocemos.

Admiró el vagabundo la hermosa huerta salpicada de olivar y viñedos que a la localidad rodeaba en forma de verde manto y las nubes de humo blanco que provenientes de los hornos de ladrillos se  desvanecían entre las canteras de los cerros de San Cristóbal, del Ahorcado o de la Cuesta la Muela.

Sabía el vagabundo que era Bailén ciudad de ceramistas donde desde antaño siempre se elaboraron lebrillos solo de barro primero y vidriados en miel después, utilizados para mil cometidos y que en su desarrollo devinieron en orzas más cerradas para conservar los alimentos y en cántaros en los que almacenar el agua, iguales al que la heroína bailenense María Bellido utilizara para saciar la sed de los soldados españoles el glorioso día de la batalla contra los franceses, haciendo que tan humilde utensilio pasara a formar parte desde entonces del escudo de la Villa de Bailén.

Accedió a la localidad el vagabundo por la calle Madrid, pareciéndole la ciudad hermosa y bien urbanizada, observando a su comienzo el letrero de una forja y a su mitad un cartel que en una de sus fachadas anunciaba la exhibición en el “Cine España” de una película del Oeste, lo que le hizo recordar que fue un bailenense D. Felipe de Neve quién en 1781 fundara la ciudad de los Ángeles en California, uno de cuyos barrios muchos años después sería “Holywood” la Meca del Cine.  

Y andando, andando, menester este al que obligaba su profesión llegó el vagabundo a la Plaza del “Reloj” donde se encontraba ubicada la Casa Consistorial que Pascual Madoz ya citaba en su enciclopedia de 1846 “con cárcel en su piso bajo” y que luego compartiría dependencias con el puesto de la Guardia Civil desde su primer despliegue en la localidad durante 1854 hasta 1932 año en el que se construyera su nuevo acuartelamiento.

Sin dejar de visitar el exterior, pensó el vagabundo que –“la riqueza está a juego con lo que por fuera se ve”- de la cercana Iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión construida en el siglo XV utilizando piedra de asperón rojo, y en la que admiró su portada atribuida al arquitecto Diego de Pesquera del que no supo decir su localidad de nacimiento. Recordando el viajero que con una piedra silicia o arcillosa parecida a la utilizada para la construcción de la Iglesia elaboró y registró Don Casto Hernández Hernández “el Jabonero”, el famoso jabón doméstico con el mismo nombre que la piedra  “Asperón”.

Y como quiera que el andar y el contemplar abren el apetito, decidió el vagabundo hacer parada de abastecimiento y vino a hacerlo en uno de los veladores del Bar “El Majuelo” en la Plaza del General Castaños, que rodeada de naranjos y aún sin asfaltar le pareció muy hermosa y en cuyo centro observó se encontraba ubicada una estatua, apuntándole discreto un camarero que de forma pulcra y para evitar el polvo regaba el terrizo, se trataba de una representación neoclásica de la Diosa Iberia, que allá por 1862 en su visita a Bailén regalara a sus habitantes la Reina Isabel II, obligando además su Majestad, manifestó orgulloso con lágrimas en los ojos, a que todas las ciudades importantes de España dispusiesen en su callejero de una, con el nombre de la localidad donde ahora se encontraban… Bailén.

Pidió el vagabundo consejo al versado camarero sobre la especialidad de la casa, a lo que cesando el riego, previo profesional análisis del viajero y en especial de su deteriorada vestimenta y calzado, contestó ceremonioso y sin dudar - un par de buenos “chatos” de vino de mesa de Bailén y de cuenta de la casa- continuó diciendo -una “tapa” de “Guiñapos” con pescado y almejas recién hechos en nuestra cocina-. Agradeció el vagabundo la perspicacia del camarero tocándose el bolsillo, para después degustar el vino, que le dijo estaba elaborado con uva autóctona de la zona y que le pareció exquisito al igual que los guiñapos.Mientras, el solícito sirviente continuó contándole que pese al nombre de la plaza, todos los bailenenses lo conocían como el “Paseo “dado que era costumbre pasear dando vueltas en rededor de la plaza hasta el momento en que a cada cual venía en gana.

Y como el vagabundo se sentía feliz hablando con quien se tropezaba, agradeció vivamente al camarero su servicio, generosidad e información; prometiéndole haría fiel reseña de ello en su próximo libro, cosa que como verán los lectores sin esfuerzo así hizo; que en Jaén “siempre se recibe bien al que llega con el corazón abierto”.

Y justo cuando paseaba por la calle Real que venía a unir la Plaza del Reloj y la del Paseo y en la que existía fino y buen comercio que daba gusto de ver como el Estudio de Fotografía de “García Verdejo”, se le acercó una niña menuda de enmarañado pelo negro como la noche y ojos del color de la verde rama.

La niña, que el vagabundo no podía saber era nieta de “Minchares” gitano de “forja y luna”, fino herrero que con singular habilidad ejercía su profesión en la calle Madrid, le cogió suavemente la mano, para con una voz dulce como el murmullo del arroyo, decirle así después de leer las líneas del destino –entre reyes y emperadores allá en el frio norte, recibirá el más grande premio a las letras- y cuando el viajero riendo intentó hablar, la niña con elegancia lo hizo callar para acabar diciéndole- pero sin que intervenga la parca, no finalizará su vida junto a la mujer que ahora ama-.

Sorprendido por el augurio, intentó el vagabundo obsequiarla con las pocas monedas que en el bolsillo llevaba, sin que la niña en modo alguno lo consintiera, para después de acariciar suavemente la mano que había leído, desvanecerse como la niebla en el mar, dejando al duro viajero empapado de una paz y una quietud, que transcurridos los años, solo de nuevo sentiría, al cumplirse palabra por palabra lo profetizado.

Y continuó su camino el viajero, encaminándose a la calle Sevilla, donde ejercía su profesión con singular acierto el gestor administrativo, “agente de negocios” o “solicitador” como llamaban antes a su profesión, D. Manuel Ozáez, amigo mutuo del giennense Lorenzo Goñi dibujante y pintor que ya hacía años había ilustrado el relato del vagabundo “Pabellón de Reposo” y que este consideró siempre “el mejor intérprete gráfico de sus escritos,” que había insistido al vagabundo, visitase al mentado Gestor durante su visita a Bailén.

Y entusiasmado quedó Ozáez al reconocerlo- Don Camilo, Don Camilo- exclamó emocionado, que por aquel entonces ya había más que leído devorado las obras del vagabundo la “Familia de Pascual Duarte” en una primera edición de 1942 de la editorial Aldecoa que poseía y “La Colmena” que no pudo ser publicada hasta 1955 por imposición de la censura y que ninguno de los dos Gestor y Vagabundo podían saber sería llevada con singular éxito al cine en 1982 por el Director Mario Camus y en la que el vagabundo, que no era otro que Camilo José Cela participaría como guionista y actor.  

Y como quiera que se aproximara ya la hora de la comida, quedaron en el mismo sitio media hora después, lo que aprovechó el Vagabundo para visitar la calle de “Benito Pérez Galdós” por eso de que la cuarta novela de la primera serie de sus “Episodios Nacionales” con el nombre de “ Bailén” estuviera íntegramente dedicado a la antes aludida batalla de y de que en la citada calle se encontrara ubicada la pequeña Ermita de la “Limpia y Pura” donde descansara el cadáver del General francés Dupré caído en la Batalla.

Aprovechando entre tanto Manuel Ozáez para por teléfono citar a sus amigos Miguel Ángel Perea avispado y sesudo profesor en el recién inaugurado Instituto de la localidad y el maestro ceramista Troyano con los que compartía múltiples aficiones e inquietudes intelectuales.

Fruto de esa inquietud habían creado la “Asociación Cultural Caecilia” que solo a base de su esfuerzo personal venía a canalizar buena parte de la cultura bailenense con la celebración de charlas, conferencias, foros de opinión etc. y la publicación de una revista mensual casi siempre con fondos de su propio bolsillo con el nombre de “Bailén informativo”, en la que tenía acomodo todo lo que de interés acontecía en la localidad.

Actividades de la Asociación que tenían su colofón con la entrega anual de los premios “Caecilia” en sus distintas modalidades y el correspondiente al Bailenense del año, premio que aquel año había recaído en el cómico Manolo Gómez Bur, que si no era natural de Bailén por nacimiento si lo era de corazón, dado que su esposa la actriz María del Carmen Aranda era natural de la localidad.

Y puntuales llegaron el uno y los otros efectuando las oportunas presentaciones, con la inevitable y sana emoción de aquellos que por fin conocían a su ídolo cuyas novelas y personajes tantas veces habían comentado, para después dirigirse al desgraciadamente después desaparecido “Parador de Bailén” en el flamante “Seat 600” blanco de Manuel Ozáez en cuyo comedor felices los “camaradas” “sentaron plaza”. Pidió Manuel Ozáez, Patatas en caldo guisadas con conejo de campo, un revuelto de setas, pipirrana jaenera, perdiz en escabeche y de postre papajotes de sartén con helado, y se relamió de gusto Don Camilo al escuchar, pedía al camarero acompañara los alimentos con vino de la tierra de uva de la variedad “Molinera”.

Y apasionante resultó la conversación durante la comida y la sobremesa; refiriendo el ceramista Troyano como la elaboración tradicional en Bailen de “cacharros” es decir cántaros, botijos, orzas o “alcazarras” a las que así se refiere Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales, había sido sustituida por la de ladrillos y el modo de su fabricación artesanal en el horno árabe, por el industrial en “galleteras”, vaticinando el ceramista, lo que hizo pensar a Don Camilo que era aquel pueblo de augures, - que no era bueno para una localidad cifrar su futuro en un único producto, en este caso, el ladrillo dependiente a su vez de un valor la construcción, en muchas ocasiones de consistencia tan ficticia como el de una “burbuja”.

Y le refirió Perea el comentario que circulaba en los ambientes literarios que aseguraba D. Camilo echó al fuego el manuscrito de la “Colmena” afirmando que era una porquería, evitando su destrucción la intervención de su esposa Rosario Conde que lo recuperó de las llamas; hecho este que Cela confirmó lo que motivó la carcajada unánime de los ya “compadres”.

Y continuó Manolo Ozáez preguntando al Maestro como justificaba que la censura obligara a que su novela “La Familia de Pascual Duarte” hubiese estado prohibida durante tres años, si no lo había sido su primera edición; - amigo Ozáez, no olvide Vd.- le contestó Cela - “que somos un país de aficionados”, y que “no solo los censores carecían entonces de criterio fijo” sino que yo creo “carecían de criterio alguno” y “de formación y de sentido común” por lo que  “los escritores de aquella época dependíamos del humor con el que el censor se despertara”.

Y a una botella de vino de Bailén siguió otra y otra y viéndose Cela feliz en tan buena y docta compañía “se vino arriba” dirigiéndose a los tres mosqueteros por sorpresa y de sopetón, para espetarles lo siguiente: …y bien amigos *“El devenir de ese odio y ese amor que me anega el alma, de esa benévola conciencia y de ese venenoso sufrimiento que me constriñe y atenaza el alma es la cultura, y su crónica la literatura”; un rotundo silencio siguió al monólogo del escritor, y miró Ozáez a Perea y Troyano y ambos a él esperando, con expresión que reflejaba el más absoluto de los pasmos, una respuesta a la cuestión planteada, que de ninguno de los citados parecía surgir.

Y quizás debido a la cantidad y calidad del vino ingerido, malentendió Cela el sepulcral silencio, creyendo se trataba de un breve periodo de tiempo que se daban sus contertulios para la reflexión sobre el contenido de la profunda locución que les había “soltado”, y en consecuencia continuó diciendo – es por tanto lo expuesto- “lo que yo entiendo por literatura y no la que autorizan las preceptivas”-, añadiendo para aclarar y -“recuerden, amigos míos-, que para Unamuno, la literatura no es arte de precepto y sí de postcepto”.

Ahora sí pudo nítidamente observarse al finalizar la frase de D. Camilo, como el tono del rostro de Troyano tornaba en rojo oscuro; Perea parecía perder la mirada en el más lejano de los horizontes, intentando Ozáez sin éxito alguno articular palabra; mientras Cela deseando romper tan insólito silencio, que empezaba a sospechar no provenía de la reflexión, les animó a pronunciarse diciendo - ¿Y bien, amigos, cual es su opinión al respecto?, a lo que de forma concluyente… sin previo ensayo… como si de una sola voz se tratara… al unísono… contestaron los tres................................ -“ ea”-.

Y aquí acaba, amables lectores, la historia de la visita y estancia en Bailén del vagabundo Camilo José Cela, al que como la Niña profetizó en 1989 le sería concedido el premio Nobel, y que previa su separación, volvería a casarse en 1998 con Marina Castaño; el porqué no figura este episodio en el capítulo IV de su “libro de viajes” que constituye “El primer viaje Andaluz” publicado en 1959, no escapará a la inteligencia del lector y si así no fuera … nada más fácil pregunten a Ozáez, Perea o a Troyano, que monta tanto.

                                                            Fin.
*Extraído de Artículo aparecido en la edición impresa del Diario el País el  Domingo, 14 de febrero de 1988

jueves, 16 de julio de 2020

Nota de la Subdelegación de Defensa de Jaén



Por creerlo de si interés le informo que la exposición itinerante del MINISDEF “Cría Caballar de las Fuerzas Armadas. 150 años de servicio”, estará expuesta en el Museo de la Batalla de Bailén sito en la calle Pérez Galdós, 19  de Bailén, la misma estará abierta al público del 17 de julio al 09 de agosto (a. i.) en horario de miércoles a domingo de 11:00 a 14:00 h. y de 18:30 a 21:30 h.

Se adjunta cartel informativo.




A partir de mañana en los kioscos de Bailén el número 123 de la revista BAILÉN INFORMATIVO

Un nuevo número más de la revista BAILÉN INFORMATIVO a partir de mañana podremos adquirirlo en los kioscos de Bailén al precio de 1 euros.

El número 123, a pesar del COVID-19 y a la vez como consecuencia de la pandemia de coronavirus ya está impreso y en la calle, para informarnos de algunos detalles referidos a la pandemia, además de las habituales secciones, cuentos y artículos de nuestros colaboradores.

Nota de prensa del Ayuntamiento de Bailén




16 / 07 / 2020


TOMADAS MEDIDAS DE CONTROL ANTE LOS DOS CASOS DE COVID DETECTADOS EN BAILÉN



 ● Las concejalías de Servicios Municipales, Salud y Seguridad Ciudadana han coordinado sus actuaciones para garantizar la seguridad de la población


El Ayuntamiento de Bailén informa que, ante la aparición de dos casos de contagiados por COVID 19 en nuestra localidad en los últimos días, ya se han tomado todas las medidas posibles para evitar la propagación de esta enfermedad en nuestra ciudad. Desde el consistorio se quiere salir al paso de los rumores que circulan por la ciudad informando que actualmente solo hay dos afectados en la localidad. Ante esta situación se está siguiendo el protocolo establecido por las autoridades sanitarias.



Así, desde la Concejalía de Salud se han mantenido contactos con los responsables sanitarios para certificar que estas dos personas se encuentran en su domicilio aisladas para evitar nuevos contagios. A ello se suma la desinfección que se ha realizado esta mañana de la zona en la que viven estas dos personas, habiéndose realizado también en un parque cercano que permanecerá cerrado durante los próximos días como medida de precaución.



Por ello desde el Ayuntamiento se transmite un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía, ya que las concejalías de Servicio Municipales, de Salud y de Seguridad Ciudadana han coordinado las actuaciones para tomar las medidas oportunas de cara a evitar más contagios.

Se recuerda, igualmente, que es obligatorio el uso de las mascarillas y que la higiene de manos es fundamental para frenar la extensión de los contagios.



Aparecido en el periódico IDEAL

Aceite de oliva y un botijo de Bailén para el presidente Revilla

El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, elogiando el aceite de oliva bailenense. /IDEAL
El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, elogiando el aceite de oliva bailenense. / IDEAL

El presidente cántabro recibe en su despacho a un grupo de bailenenses, con quienes intercambió AOVE por anchoas

JOSÉ LUIS LÓPEZ FRUTOS
La historia comienza cuando el 'dj' bailenense JJ Soria entrevistó al presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, para su emisora local 'on line' Radio 1808, de gran seguimiento durante los días de confinamiento. Para facilitar dicha entrevista medió un oyente de Santander, Tomás Blanco.
Tras la entrevista, Soria va forjando amistad con el presidente de la comunidad cántabra, hasta que el disyóquey y locutor bailenense decide emprender un viaje al norte de España, junto a su compañera Anabel Charriel, para conocer en persona al mediático presidente, con el propósito de llevarle algunas cosas de Bailén para establecer lazos de amistad con aquella comunidad. «Y qué mejor que llevarle unos aceites de la tierra: el mejor aceite del mundo», comenta Soria, sabedor de que el presidente cántabro es un gran amante del aceite de oliva.
 
El 'dj' bailenense JJ Soria y el presidente Revilla, en una entrevista en Radio 1808.
El 'dj' bailenense JJ Soria y el presidente Revilla, en una entrevista en Radio 1808. / IDEAL
En una segunda entrevista radiofónica fue cuando se habló de una probable visita, que se consumó el pasado fin de semana. JJ Soria llevó a Revilla una muestra de los renombrados aceites de Bailén, como son Picualia, Oro Bailén, 1808 Padilla y Aceites Baécula, así como el clásico botijo típico de la cerámica local. Ante tales obsequios, Revilla correspondió con unos libros de su autoría y una lata de sus famosas anchoas, todo ello en una agradable reunión en el propio despacho de Presidencia.
Tras el intercambio de regalos y alguna camiseta con logotipos de Bailén, los reunidos se fueron a un bar cercano a degustar las anchoas y el aceite de Bailén, en un ambiente cordial y relajado. Soria se siente satisfecho de haber podido sentirse valedor de Bailén y la provincia de Jaén tras las verdes montañas de la cordillera cantábrica.